“Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora”

John Lennon

Si bien lo horroroso seduce, atrae y hasta puede generar un oculto y siniestro placer, es la distancia respecto de esto lo que nos hace unos testigos privilegiados de primera fila. El propio Aristóteles, al analizar ciertas experiencias de lo estético, teorizaba que lo que le sucede al espectador de lo violento o lo prohibido es una manera de hacer catarsis y sacar de nuestro interior, un sentimiento perjudicial. Asi, ser testigo de algo horrendo, que nos asusta, es para el alma como una especie de purga que nos ofrece un medico para el cuerpo.

Desdoblamiento y distancia…

Y si de morbo se trata, una imagen que me convoca. Y es la imagen de una foto que tomé en Estambul el 28 de Junio, en un viaje que hice con mi amigo Matias.

Esperando nuestro próximo vuelo que nos llevaría a Barcelona, al reencuentro con otros amigos, Matias me pidió que lo acompañara a la puerta de entrada del Aeropuerto para fumar su ultimo cigarrillo antes de abordar sin sospechar que, después de una hora de irnos, un atentado dejaría un saldo de mas de 40 muertos. Nos enteramos al llegar a Barcelona. Esas casi tres horas de vuelo que nos llevo llegar a España, nunca sospechamos lo que dejamos atrás, sino hasta llegar a destino por medio de una mujer que volaba con nosotros y nos pregunto si teníamos wifi ya que quería comunicarse con sus familiares para decirles que estaba segura. Pero, segura de que? y ahí fue como y cuando nos enteramos.

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Una hora después de sacada esta foto en ese mismo lugar exploto todo.

Nunca me sentí tan cerca de la muerte, y si bien el efecto fue posterior pero con una vivencia bastante directa, el mero hecho de sabernos en el mismo lugar donde todo comenzó solo a una hora de habernos ido, nos dejo con un sabor bastante amargo en la boca.  Recuerdo que tardamos en llegar al aeropuerto desde el centro de Estambul por un transito muy pesado. Y si tardábamos un poco mas?. Si el vuelo cambiaba la hora de salida a una hora mas tarde? (algo muy común en todos los vuelos).  Lo cierto es que nos costo aclimatarnos a la bienvenida calurosa de amigos en Barcelona, sobre todo porque tuvimos que contestar muchos mensajes de gente que estuvo muy preocupada durante nuestras casi 3 horas de vuelo.

Luego vino Barcelona, las charlas y los comentarios existencialistas que una experiencia así te deja una marca por varios días. El sol y la playa aminoró el trauma y hasta fui bautizado por una amiga “el renacido”.

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Brasil, Barcelona, Bélgica y Argentina presentes en la mesa

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No podía faltar el trío Londoner: con mis dos queridas amigas de Londres Alicia y Pity

La foto que le tome a Matias en el aeropuerto en Estambul era para graficar como con un  cartel de prohibido fumar, el tipo se sentó y fumo igual. La idea era postear la foto en nuestro facebook y poner “típico Argentino rompiendo las reglas”. Pero la foto se transformó en otra cosa.

Desde la foto en el aeropuerto y las que luego nos tomamos en Barcelona con amigos pasó solo un día, y estas tal vez por una hora o por un desvío del destino, nunca se hubiesen tomado, y por eso me siento afortunado. El mundo sigue siendo un lugar muy peligroso, y nunca sabemos cuán cerca estamos de algo hasta que nos escapamos con la ayuda de vaya a saber quién.

Ahora a la distancia, el cuerpo se acostumbra y se relaja. La vida continua y seguimos despiertos. Y como diría Alterio: “Puta que vale la pena estar vivos!”

 

Saludos desde el Termo,

Sergio.