La teoría de los 6 grados se basa en la hipótesis que cualquiera puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene mas de cinco intermediarios -conectando a ambas personas con no más de 6 enlaces-. Suena interesante cuando de humanos se trata, claro pero cuando se trata de ratas y a falta del Flautista de Hamelin, andá a cantarle a Gardel, o en este caso a la Reina.

En Inglaterra uno nunca esta mas lejos de dos metros de una rata , y esto se configura con el mas de millón y medio  que se promedia están encerradas en esta isla. Estos bichos siempre fueron la desgracia de la humanidad y si bien  todavía no le encuentro el sentido  en que parte del plan natural se acomodan, es decir, y me remito a una pregunta fundamental:  Para que carajo sirve una rata? -Ojo, la rata tiene el mismo derecho de preguntar qué carajo hacemos nosotros los humanos o cual es el beneficio “natural” cuando en realidad como raza nos merecemos que nos extermine un meteorito-, pero dejemos mejor de lado el posible razonamiento de Mickey Mouse.

Si uno en Argentina te cuenta que a la noche las lauchas le comen el pan lactal si lo dejan en la mesada, lo primero que pensás es “que desidia”. Pero una vez que llegás a Inglaterra sabes de la santísima trinidad animal: Las ratas, los zorros y las ardillas (estas ultimas no se engañen, son las mismas ratas de mierda pero con sponsor de Disney), y te percatas de cierta simbiosis entre las ratas y los ingleses que,de suceder en Argentina, lo atribuiríamos a la desidia y a la miseria como ya mencioné.

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Las ardillas grises son ya una plaga

Para agregar un poco de pimienta al asunto, en los últimos tiempos se denunciaron la aparición de ratas gigantes que ya las denominan Ratzillas en las redes sociales. Ya se vieron varias  en ciudades como Londres, Manchester y Salisbury. Estas son aparentemente ratas que están tan adaptadas al medio que incluso empezaron a metabolizar la comida como los humanos: Cuanto más grandes son, más comen.

Gracias a Dios esto pasa con las ratas y no con los sapos a los cuales les tengo una fobia y pánico histérico, mezcla de asco y aberración. Lo sé, un sapo es un “bichito de Dió” y una rata es comparativamente, una terrorista, pero cuando sos un chiquito y la mal parida de tu hermana mayor te dice que te vas a morir por haber agarrado a un sapo disecado, el trauma y el cagazo se van depositando en el objeto equivocado.

Todo es cuestión de costumbre y proxémica.  Estés donde estés, estos bichos están cerca tuyo. Laburo en pleno centro de Londres en una oficina moderna en un primer piso y hace una semana una compañera de laburo sorprendida (ya no a los gritos) de que en su cajón, su paquete de galletitas estaba agujereada y con miguitas, tipica que dejan las lauchas luego de roer la comida, mas los inconfundibles bolitas de caquita que dejan en el camino.

Nota de color y con esto cierro, sin antes una reflexión: “tenés que ser ingles para tener 28 ratas de mascota eh….”

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“Son unas mascotas fantásticas”, comentó la mujer, de unos 31 años. A su vez, aseguró que son “muy inteligentes e interactivos”. “Nos reciben con un saludo cuando venimos de trabajar y les dejamos que salgan a jugar”, agregó.

Listo, cerrame la mesa 3, la 4, cerrame el bar y cortame la calle, se fueron a la mierda…